Danzando en el desierto

Descripción

Hay palabras que nacen para ser compartidas y otras que nacen solamente para mantenerte respirando. Aquellas pertenecían a la segunda clase. Eran el registro de un hombre cansado, confundido y lleno de preguntas que todavía no sabía acomodar.En mi ciudad vivíamos en medio de una guerra. El trabajo se iba haciendo escaso y, con él, las posibilidades de generar ingresos. Afuera había incertidumbre. Adentro también. Mis emociones subían y bajaban como un elevador descompuesto: algunos días podía imaginar el futuro; otros apenas podía sostener el presente.Lo extraño es que, mientras yo solo veía arena, desde el cielo Dios ya estaba preparando una mesa que yo todavía no alcanzaba a distinguir. Una mesa con provisión, con personas, con restauración, con servicio, con libros, con risas que regresarían y con una esperanza distinta a la que yo había perdido.No digo esto para romantizar lo que dolió. La escasez fue escasez. La pérdida fue pérdida. La ansiedad no se volvió menos real porque yo creyera en Dios. Hubo noches en las que la fe no se sintió como una llama, sino como una brasa diminuta que protegíamos con las manos para que el viento no la apagara.Y, sin embargo, la brasa estaba allí.Este libro es la historia de esa brasa. También de la mesa. Y, sobre todo, del desierto que tuve que atravesar para entender que Dios no solamente me esperaba al final del camino: estaba conmigo dentro de él.No escribo como alguien que llegó a una montaña y ahora mira desde arriba a quienes siguen luchando. Escribo con arena todavía en los zapatos. Cuento lo que vivimos Ana y yo, las preguntas que nos hicimos, lo que dijimos mal, lo que aprendimos tarde y las personas que Dios fue colocando a nuestro lado.Con el tiempo entendí que tampoco puedo contar esta historia como si Ana y yo hubiéramos atravesado exactamente el mismo desierto. Compartimos los años, la casa, las preguntas y muchas lágrimas; pero no siempre sentimos el dolor de la misma manera. A veces la arena quemaba en lugares distintos del corazón.Yo quise resolver cosas que ella necesitaba llorar. Ella cargó culpas que no le pertenecían; yo convertí algunas de mis preguntas en distancia. Dios tuvo que enseñarnos algo que no habíamos prometido frente al mar: no solo permanecer juntos, sino aprender a respetar el ritmo del otro cuando ninguno sabía bailar.Por eso esta historia tiene dos huellas. En unas páginas una se verá más clara que la otra, pero las dos recorren el mismo paisaje. Y si algo aprendimos es que la voluntad de Dios no siempre evita el desierto; muchas veces nos enseña a encontrarnos dentro de él.Durante estos años descubrí algo que cambió mi manera de mirar la vida: la fe no elimina las altas y las bajas. Les da un centro. Hay días de celebración y días de duelo; temporadas de abundancia y temporadas en las que todo parece secarse; momentos en que uno canta con fuerza y otros en los que la única adoración posible es no irse.Por eso el título. Danzar en el desierto no significa disfrutar el dolor ni llamar bueno a lo que hiere. Significa que la alabanza no tiene que esperar a que cambie el paisaje. Habacuc pudo mirar una tierra sin fruto y aun así decir: «Con todo, yo me alegraré en Jehová». La fe no niega la realidad; se rehúsa a creer que la realidad tiene la última palabra.Si hoy estás atravesando tu propio desierto, camina conmigo un rato. No puedo prometerte que el camino será corto. Tampoco que cada pregunta tendrá una respuesta. Pero sí puedo contarte lo que yo he visto:aun cuando la música parece detenerse, Dios sigue allí. Y mientras Él permanezca, todavía existe un siguiente paso.

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  • Autor: José Ariel Beltrán Lugo

    Editorial: Casa editorial Israel

    Fecha de publicación: 2026-10-09

    Edición: 1

    Idioma: ES

    ISBN-13: 9789403788920

    Páginas: 182

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